Historia, Geografía y Ciencias Sociales

La evaluación en Historia, Geografía y Ciencias Sociales

La evaluación, dimensión fundamental del proceso educativo, es un proceso continuo que surge de la interacción entre la enseñanza y el aprendizaje, y que permite recopilar información relevante sobre los niveles de logro de los diversos aprendizajes por parte de los estudiantes y sobre las posibles modificaciones que se requiera introducir en el proceso de enseñanza.

Algunos de los propósitos más importantes de este proceso son:

  • Mejorar el aprendizaje de los estudiantes.
  • Guiar a los profesores en la aplicación del currículum.
  • Orientar sobre las adaptaciones que se requiere introducir al diseño curricular o a las estrategias de enseñanza para optimizar el proceso.
  • Determinar las fortalezas y debilidades de los estudiantes, con el fin de atender a la diversidad de niveles, ritmos y estilos de aprendizaje.
  • Orientar a los alumnos acerca de los progresos de su aprendizaje, la calidad de su trabajo y la dirección que necesitan tomar a futuro.

Entendida como un proceso sistemático, podemos distinguir distintos tipos de evaluación:

  • Evaluación inicial o diagnóstica: corresponde a una evaluación previa al proceso de enseñanza.
    En términos generales, permite al docente evaluar los conocimientos previos de los alumnos así como el logro de los prerrequisitos necesarios.
    En Historia, Geografía y Ciencias Sociales, la evaluación inicial es particularmente importante, ya que los alumnos cuentan con una gran cantidad de información proveniente del entorno, de sus experiencias personales y de los medios de comunicación.
    Estos conocimientos previos son valiosos para el proceso, aunque hay que tener en cuenta que muchas veces están desestructurados o descontextualizados, o pueden conducir a errores o prejuicios.
     
  • Evaluación formativa: es una evaluación continua que permite evaluar los aprendizajes y retroalimentar y reformular el proceso de enseñanza- aprendizaje en virtud de la evolución de los estudiantes.
    Toda actividad didáctica es potencialmente un instrumento de evaluación, ya que en la medida que concluya en una retroalimentación, siempre permite al docente obtener nueva información y al alumno alcanzar una mayor conciencia respecto de su manera de aprender o del logro de los objetivos.
     
  • Evaluación sumativa: se realiza al final de un proceso de enseñanza-aprendizaje y su objetivo es obtener información sobre la progresión del aprendizaje de los alumnos y el nivel de logro de los objetivos propuestos. Al igual que en la evaluación formativa, es importante la utilización de diversos instrumentos.

El desarrollo de las habilidades y la integración de los nuevos aprendizajes en los estudiantes son progresivos, y requieren de múltiples situaciones educativas que les permitan fijar los aprendizajes, reorganizarlos y aplicarlos en diversos contextos.

En este marco, se sugiere evaluar de manera sistemática a los alumnos a partir de actividades que los conduzcan a establecer relaciones entre los diversos aprendizajes; a desarrollar estrategias para solucionar problemas o responder preguntas; a desarrollar proyectos de manera autónoma, creativa y rigurosa; a interrogar el pasado y el presente; a aplicar habilidades temporales y espaciales; a tomar posturas argumentadas en situaciones de caso; y a reorganizar y contrastar información, entre otras.

Teniendo claros estos objetivos, se pueden utilizar múltiples instrumentos que contribuyan a desarrollar y evaluar estos aprendizajes y que permitan retroalimentar el proceso de enseñanza (trabajos de investigación individuales y grupales, exposiciones, elaboración de relatos, pruebas escritas y orales, entrevistas, dramatizaciones, trabajo con diferentes tipos de fuentes, elaboración de mapas conceptuales u organizadores gráficos, debates, juegos de rol, elaboración de maquetas, análisis de imágenes, personificaciones, juegos de estrategia, etc.).

Además, la variedad de metodologías y recursos didácticos favorece que todos los estudiantes logren los aprendizajes, ya que permite atender a los diferentes ritmos y estilos de aprendizaje.

Es necesario tener presente la especificidad propia de las disciplinas que conforman la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, especialmente con referencia a los núcleos conceptuales y procedimentales que las articulan, dado que las actitudes y disposiciones tienen un carácter más transversal, aunque no por ello menos relevante.

Así, al momento de evaluar, habría que considerar que, a modo de ejemplo, se espera que los alumnos desarrollen progresivamente y demuestren su capacidad para:

  • Comprender y aplicar nociones y categorías temporales y espaciales.
  • Contextualizar espacialmente fenómenos históricos y representar elementos geográficos en un espacio determinado.
  • Leer, analizar y obtener información de fuentes diversas.
  • Organizar, sintetizar y relacionar información histórica, geográfica o social.
  • Reconocer las múltiples causas de los fenómenos históricos.
  • Identificar elementos de continuidad y cambio.
  • Utilizar un vocabulario histórico, geográfico y social adecuado.
  • Reconocer la existencia de distintos puntos de vista e interpretaciones frente a los fenómenos históricos y sociales.
  • Resolver problemas de convivencia en su familia, curso o comunidad mediante estrategias pacíficas basadas en el diálogo, la comunicación empática y la búsqueda de puntos de vista o soluciones comunes.
  • Respetar las opiniones divergentes o los modos de vida distintos al propio, desarrollando la tolerancia y valorando la diversidad.

Por último, hacemos una referencia particular a la importancia de integrar los conocimientos, las habilidades y las actitudes definidas para Formación Ciudadana, con todas las instancias de aprendizaje de los alumnos, tanto formales como informales.

La formación de ciudadanos con valores, actitudes, habilidades y disposiciones que contribuyan al fortalecimiento de una sociedad democrática y participativa, debe manifestarse en cualquier contexto; además, estas habilidades y disposiciones son indispensables en todos los ámbitos del conocimiento y de las relaciones interpersonales.

Finalmente, es importante que el docente genere instancias para que los estudiantes apliquen la autoevaluación y la coevaluación, ya que permite reforzar aspectos actitudinales (como la honestidad, la capacidad de expresar críticas a sus pares de manera constructiva y de autocrítica, la manifestación de opiniones argumentadas y la responsabilidad, entre otras) y desarrollar capacidades intelectuales (como destrezas metacognitivas).

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